martes, 26 de abril de 2011

Entre el Islam radical y el Islam moderado

Islam radical vs Islam moderado.
Islam radical vs Islam moderado.

Fuente: WebIslam

Hay regímenes árabes que permiten la creación de grupos radicales para dar justificación a la represión de todas las voces que reivindican la justicia y la dignidad

En relación con la publicación del libro ‘Mundos en guerra’, del historiador británico Anthony Pagden, que intentaba iluminar, en una entrevista publicada en El País (el 15 enero de 2011), las claves de los orígenes de la confrontación entre Oriente y Occidente, y “cómo había evolucionado una imagen particular de Oriente en la mente Occidental desde la antigüedad”, se me suscitan algunos comentarios que intento plasmar a continuación.


En su respuesta a la pregunta, si “la idea del Islam como un movimiento libertario más que como una religión, podría seducir a los musulmanes más moderados para que se unan a la lucha contra Occidente”, el autor respondió con una afirmación, diciendo que los indicios apuntan claramente a que muchos se han visto arrastrado al Islam radical.
Aunque sobre este tema se ha derramado una gran cantidad de tinta, todavía necesita muchas investigaciones para aclarar algunos aspectos que permanecen ocultos para el lector. Y sobre estos aspectos trata este artículo, que espero cumpla esa finalidad.
La pregunta que se puede formular, en mi opinión, respecto a esta dualidad, (Islam radical / Islam moderado), es: ¿Por qué los musulmanes moderados sienten cierta tendencia hacia el Islam radical?
Como periodista, interesado por el pensamiento de los movimientos islámicos en el mundo árabe, puedo afirmar, sin ninguna vacilación, que la tendencia hacia el Islam radical se debe a que la naturaleza dictatorial del régimen árabe no les deja ninguna alternativa para expresarse libremente. O sea, para ser opositor a la política establecida en uno de los países árabes, la única opción es ser radical. Porque el poder árabe ha cerrado ante sus pueblos todos los caminos que pueden conducir a la democracia y a la libertad de expresión.
Muy brevemente, son los regímenes dictatoriales quienes incitan a sus pueblos a abrazar las ideas radicales, sea cual sea la fe de este pueblo. Porque siempre hay una posibilidad de interpretar de forma radical, la fe religiosa o ideológica al que se refiere este o aquel pueblo.
Por supuesto, algunos movimientos “eligen” el Islam radical, porque es el único que quedaba en el campo luchando contra la dictadura, después del abandono de todos los demás.
Creo que la salida más segura para solucionar este problema es la aplicación de la democracia, donde todos tienen el derecho de participar en la toma de decisiones. Porque, el hecho de que todos los movimientos estén integrados en el sistema político convencional expresando libremente su opinión, les dejará frente a una realidad en la que la defensa de sus principios se puede conseguir de forma pacifica, sin recurrir a la violencia.
Pero, la objeción que siempre se plantea cuando se trata de la participación de los islamistas en las elecciones, es el miedo de que éstos se puedan volver en contra de la democracia en el caso de lograr la mayoría. Una objeción que se utiliza como un fantasma por el régimen árabe para provocar miedo en los islamistas y  hacia ellos, como si los dictadores árabes estuvieran más preocupados por la democracia que sus pueblos.
Más que esto, hay regímenes árabes, según muchas investigaciones, que permiten la creación de grupos radicales para dar justificación a la represión de todas las voces que reivindican la justicia y la dignidad. Desgraciadamente, los países occidentales han mostrado una gran paradoja en dar la bienvenida a este fantasma, prefiriendo los poderes árabes en detrimento de los pueblos, con el fin de proteger sus intereses económicos y políticos.
Con una gran posibilidad, los islamistas pueden ganar las elecciones en cualquier país árabe, si no hay falsificación de estas. Pero, creo que esta victoria no duraría mucho, tan solo hasta las siguientes elecciones, si los islamistas no cambian su forma de pensar y la manera de tratar los asuntos públicos.
La política, en su sentido más simple, es una forma de organizar la sociedad, en la medida de estar conforme con las necesidades de los ciudadanos. Una necesidad que se cambia continuamente, según el tiempo y el lugar. Por el contrario, el discurso político de los movimientos islámicos es, en su mayoría, un discurso que se basa en certeza, y tiende a generalizar los prejuicios por todos los asuntos de naturaleza renovable, creyendo que las experiencias vividas anteriormente son suficiente para responder a las cuestiones de hoy en día, y que el problema no necesita más que algunos retoques para resolverse. Y como estos movimientos están aún excluidos de la participación política oficial, para dar a sus disposiciones mayor realismo, sigue predominando el consenso de los ciudadanos.
En consecuencia, creo que la participación de los partidos “islámicos” en la toma de decisiones podría dar lugar a un cambio decisivo en el nivel del discurso político e ideológico de los movimientos islámicos en el mundo árabe. En referencia a la política, el discurso político de los islamistas, bajo la presión de la actualidad, va a convertirse en un discurso realista y más pragmático, donde el factor del tiempo y lugar volverá a desempeñar un papel central en el tratamiento de los asuntos públicos.
En cuanto a la ideología, el intento de buscar una fórmula para conciliar la retórica política y la realidad, además de la necesidad de una regla jurisprudencial para consolidar dicha fórmula, se convierten en una demanda urgente. Esto va a conducir a una revisión general del discurso islámico con respecto (aquí abro un paréntesis para señalar que la negativa de algunos movimientos a la participación política legal, con el pretexto de que la democracia es una “criatura occidental”, o en el terreno de que la aplicación del proyecto islámico no será posible sin la aplicación global del Islam, es una posición que expresa el miedo de estos movimientos a perder una gran parte de su brillo en caso de entrar en la arena política, a la que consideran impuro campo de batalla).
Esta atmósfera de revisiones intelectuales que podría tocar el discurso islámico se puede constatar de forma más clara en el caso marroquí, donde un movimiento islámico se trasladó con gracia a una acción política reconocida. Se trata del Partido de Justicia y Desarrollo (PJD), cuyo discurso estaba fusionado con la mayoría de los movimientos radicales en el mundo musulmán, antes de convertirse en un discurso pragmático, al igual que el de los partidos implicados, salvo en algunos detalles menores (tengo que indicar que el partido político turco -Justicia y Desarrollo-  ha inspirado tanto su nombre como su símbolo -Lámpara- del partido marroquí).
Además, surgieron entre los partidarios de (PJD), así como en el movimiento misionario (Unidad y Reforma), al que pertenecen la mayoría de los cuadros de (PJD), escritores que habían realizado unas atrevidas revisiones políticas y intelectuales, lo que daba algunas notas de excelencia al movimiento islámico marroquí con respecto al resto de los del mundo árabe.
Este cambio cualitativo que puede tocar a ambos discursos, político e ideológico, seguro que va a encontrar en las interpretaciones y revisiones realizadas por unos pensadores musulmanes actuales sobre el Corán, un apoyo por los movimientos para que amplíen y desarrollen sus pensamientos, donde la excelente obra Libro y Corán, escrito por el erudito Mohamed Shahrour, forma una ruptura total con los estudios pasados, basándose en un método lingüístico que nunca se había tratado antes.
En este sentido, los acontecimientos sucedidos recientemente en Túnez y Egipto, y que han dado lugar a la caída de dos dictadores, entre los más sangrientos del mundo árabe, han permitido surgir una realidad que no podemos negar; se trata de la forma pacifica y civilizada expresada por el movimiento islámico en estos dos países, durante los días de la revuelta (Nahda en Túnez, y Hermanos Musulmanes en Egipto).
Cabe destacar que la indiferencia mostrada por los dirigentes occidentales hacia el intento de los dichos dictadores, de provocar miedo de los islamistas fue un factor adicional para la caída de la última “hoja de mora”, que estaba cubriendo, por mucho tiempo, la cola del dictador árabe.
Pero, lo que me ha sorprendido, en cuanto a la caída de Mubarak, ha sido el comentario hecho por el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, diciendo que “la aplicación de la democracia en Egipto significa el surgimiento de un gobierno anti israelí”, indicando la popularidad de los Hermanos Musulmanes en la sociedad egipcia. Un comentario que puede ser entendido en otro sentido, como que “la continuación de la existencia del estado israelí queda empeñada con la continuación de la dictadura en el mundo árabe”. Esta es la idea clave para entender uno de los factores principales del retraso de la democracia en el mundo árabe hasta el día de hoy.
Por ultimo, y en relación con los musulmanes que viven en Occidente, creo que su entendimiento del Islam se queda relacionado, en un alto grado, con el de los que viven en el país de origen, (pero este es otro tema que habría que tratar aparte).
Ahmed Bumkasar
Periodista y escritor
Parla (Madrid)

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