martes, 9 de agosto de 2016

"Lobo solitario, del mito a la realidad", por Salvador Burguet

Islam en Murcia - 09.08.16
Fuente: Las Provincias

Salvador Burguet, CEO de la empresa española de inteligencia AICS

Dice Manuel Toboso, uno de los mayores conocedores del mundo islamista y miembro del Cuerpo de Policía de los Mossos d'Esquadra, en su artículo 'La contaminación del concepto Lobo Solitario' (Revista Catalana de Seguretat Pública, marzo 2014), lo siguiente:

"…un atentado terrorista de inspiración yihadista puede considerarse consumado o en grado de tentativa por un lobo solitario si cumple las siguientes características:

a) opera individualmente;

b) no pertenece a ninguna organización, grupo o red terrorista;

c) actúa sin la influencia directa de un líder o de una estructura jerarquizada;

d) planifica su propia agenda terrorista: la operativa, la logística y la elección de objetivos es el resultado de su planificación sin atender a directrices externas;

e) experimenta un «proceso de autoradicalización» religiosa y/o ideológica de fuentes de la ideología yihaidista".

Desde el último ataque terrorista ocurrido en Francia, y también podríamos unir a este grupo el ocurrido en Alemania, se ha venido hablando en los medios de comunicación, tanto nacionales como extranjeros, del término lobo solitario, como la definición de aquellos que perpetraron los luctuosos hechos. Ciertamente la llamada que este término tiene sobre la audiencia, sobre aquel que escucha las noticias, ve la televisión o lee los periódicos, digitales o en papel, es importante por lo que de romanticismo hollywoodiense posee. Para el profesional de la información, esta definición u otra que fuese dada por aquellos que tienen la responsabilidad de dar una visión seria, veraz y profesional de los acontecimientos, es una más de los que día a día se escriben, leen o muestran las pantallas de televisión, quizá con la diferencia de lo atractiva que puede resultar. Sin embargo, y esto entra en el debe de esos que dan sus análisis de los hechos, alumbrados de unos presuntos (porque en algunos casos se quedan en eso) conocimientos del terrorismo islamista, es cuanto menos cuestionable el uso de este término, a sabiendas que se está haciendo un análisis, valoración y comentario final incierto, erróneo o poco ajustado a la realidad.

Los últimos que pudieron considerarse lobos solitarios, por cumplir fielmente los cinco preceptos que definen a un asesino de estas características, fueron los hermanos Tsarnaév, quienes llevaron a cabo el atentado contra el Maratón de Boston un 15 de abril de 2013. Desde entonces, ninguno de los que bajo la bandera de Estado Islámico han llevado a cabo acciones armadas se pueden definir como tales. Esto, sin lugar a dudas, choca con la opinión generalizada, avalada por voces autorizadas, que no hacen sino dar fe y veracidad a un concepto usado erróneamente y que solo hace que alimentar la aureola, entre lo místico y lo heroico, que rodea y retroalimenta el fenómeno islamista, que no yihadista. Si algo le sobra a Estado Islámico es propaganda, y si de algo se vale ese mismo Estado Islámico es del uso poco acertado de este y otros términos para explotar más si cabe esa propaganda.

Hace más de un año, la organización terrorista dirigida por Abu Bakr al-Baghdadi publicó un Manual en el que daba instrucciones para aquellos que decidieran llevar a cabo ataques en sus lugares de residencia. Entre otros puntos, considerados de obligado cumplimiento, había uno que rezaba en los siguientes términos “es importante grabar, si en vídeo mejor, un mensaje declarando lealtad al Estado Islámico y su líder, Abu Bakr al-Baghdadi, para que luego pueda ser usado por los medios de propaganda de la organización”. Esta recomendación ha sido seguida, hasta el momento, por todos los que han llevado a cabo acciones individuales en suelo europeo y norteamericano. De una manera u otra, con vídeos, grabaciones de audio, manuscritos o fotografías, todos ellos han dejado constancia de su repentina adhesión a al-Baghdadi y sus secuaces.

Pero no es solo esta adhesión a una organización terrorista lo que corrompe el pretendido calificativo de lobo solitario que una vez y otra se le está aplicando a estos individuos, sino otros de los preceptos enumerados por Mario Toboso (por cierto avalados por prestigiosos eruditos en el asunto de otros países).

Ninguno de los que han llevado a cabo acciones terroristas en suelo europeo (acciones individuales), “planifica su propia agenda terrorista”. El ataque al semanario Charlie Hebdo fue producto de diferentes mensajes sobre la conveniencia de atacar a la publicación francesa por sus reiteradas “burlas al Profeta y al Islam”. De la misma manera, la masacre de Orlando, como antes la de Texas, fueron el fruto del cumplimiento de un “llamamiento a luchar contra el infiel en su propia casa”, palabras dichas por Mohamad al-Adnani, a la sazón portavoz oficial de Estado Islámico, y utilizadas en los comunicados posteriores a los ataques como justificación a los mismos.

Siguiendo este compendio de incumplimientos de los fundamentos básicos del lobo solitario, no se puede decir que ninguno de ellos “no fuese influenciado por organización terrorista alguna”. De hecho, todos ellos siguieron los procedimientos operativos dictados repetidamente por Estado Islámico en sus muchas publicaciones. De igual manera, el proceso de radicalización no fue “autónomo”, si bien tuvieron contacto con elementos radicales los cuales les adoctrinaron, de una manera u otra, en el odio a Occidente y la necesidad de pasar a la acción.

En definitiva, que en dos, tres o más puntos de los inicialmente referidos, todos los que han llevado a cabo atentados terroristas en Europa o Estados Unidos han incumplido las normas básicas que les daría el triste honor de ser llamados lobos solitarios.

Pero, una vez analizado el por qué, sentadas las bases de cómo se debe utilizar el término y profundizado en las razones que llevan a no aplicarlo en todos estos casos, y presumiblemente en los venideros, es necesario centrarse en otros factores que de manera indirecta están ayudando a crear, esparcir y asentar, cual política de hechos consumados, esas dos palabras como definición de un tipo de terrorismo mucho más básico y mortal.

Al principio se ha comentado que a Estado Islámico lo que le sobra es propaganda, toda vez que hace buen uso de ella cuando procede de Occidente, y ese es precisamente uno de los graves problemas. Si algo ha aprendido la organización de al-Baghdadi es a descubrir las debilidades de su enemigo con extremada rapidez para desarrollar las medidas psicológicas que lo hundan en una profunda frustración, y con Europa lo está consiguiendo.

Los discursos posteriores a los ataques, los posters que irremediablemente llenan las redes sociales frecuentadas por simpatizantes de los islamistas, los vídeos conmemorativos que siempre aparecen tras un atentado, todos ellos siempre giran en torno a una idea fuerza, como se diría en comunicación estratégica, el lobo solitario. Un porcentaje muy significativo de los que luchan en Siria, Irak o Libia proceden de Europa, y en una cuantía ciertamente considerable de Francia, por lo que ellos mejor que nadie son conocedores de lo que ese término significa para las sociedades europeas. Saben de lo fácil que es su uso, de lo que atrae la idea de individuos que llevan una doble vida, siempre escondiendo su verdadera realidad, aparentando ser lo que no son, y que finalmente llegan al éxtasis de su concepción espiritual de la propia existencia atacando al infiel donde más le duele. De la misma manera que los momentos son elegidos con matemática precisión, cuidando mucho el dónde y el cuándo, los son los términos a emplear. Estado Islámico ha desarrollado esa complicada labor de proporcionar a las sociedades occidentales el producto que quieren comprar y de la manera en la que ellas quieren comprarlo. Ha sabido encontrar la forma de aumentar la ya de por sí trágica resultante de cualquier acción terrorista, con el uso de las palabras adecuadas que, repetidas una y otra vez, acaban por convertirse en una realidad, eso sí, virtual. Y es que, nos guste o no, Estado Islámico está ganando la batalla psicológica a Europa y por extensión a Estados Unidos. Lo hizo cuando creó “Dabiq”, su buque insignia de la propaganda gráfica. Un publicación hecha a imagen y semejanza de las revistas de acción que tanto atraen a la juventud, con imágenes en alta definición impactantes por lo que de carga de heroísmo conllevan. Continuó con sus producciones de vídeo las cuales, y esto me lo dijo un profesional de los medios de comunicación, son la envidia de algunas productoras por los medios empleados (las cámaras que usan para grabar los famosos vídeos no existen en las dotaciones de algunas de las cadenas de televisión más importantes de España). Efectos especiales, bandas sonoras con tonos que acaban tarareados por cualquiera, repeticiones a cámara lenta de los momentos más importantes, son verdaderas producciones propias de Hollywood, pero rodadas en Siria o Irak. Y por último lo ha conseguido también en la forma de justificar sus acciones.

Al-Baghdadi y su tribu armada de luchadores en pro de un Gran Califato, se han demostrado como los grandes manipuladores del siglo XXI. Nadie hasta ahora había conseguido influenciar tantas mentes en tan corto espacio de tiempo, pervirtiendo la propia concepción de la realidad en beneficio propio. Quizá el recuerdo más aproximado de algo similar podríamos encontrarlo en los albores de la Segunda Guerra Mundial con el auge del nazismo, pero ni ese fenómeno de trágico recuerdo llega a asemejarse a los conseguido por Estado Islámico si nos atenemos a su alcance mundial.

Repasando los medios de comunicación desde la costa oeste de Estados Unidos hasta la punta más oriental de Australia, en todos ellos se habla de los lobos solitarios y de su expansión mundial. Se explica su funcionamiento, sus técnicas, hasta en algunos casos sus formas de comunicarse con la organización (para colmo de contradicciones), y esto solo beneficia a ellos, a los que quieren imponer sus formas por la fuerza.

Es quizá momento de ser más rigurosos, y en esto los medios de comunicación no pueden hacer mucho si los que tienen la obligación moral de transmitir la realidad, por cuanto de expertos de ella tienen, no lo hacen. La batalla a Estado Islámico no solo se debe ganar en el campo policial, sino en el psicológico. La organización terrorista más mortífera de este siglo ha creado una sociedad paralela que aún está en periodo embrionario, pero que dentro de cinco años será el azote de Occidente. Esos niños que ahora protagonizan algunos de los más macabros y desagradables vídeos producidos en ar-Raqqah (y en AICS tenemos una amplia colección de ellos que cada día son analizados, procesados y archivados), son el futuro legado de un individuo que no pasó nunca de ser un estudioso mediocre del Islam y que ahora figura en la lista Forbes de los personajes más influyentes (en su edición de 2015, al-Baghdadi ocupa el puesto 57, por delante de Hillary Clinton o Satya Nadella, CEO de Microsoft).

Europa debe atender también a ese problema que se avecina y que ahora no se ve, eso también es Inteligencia, y desgraciadamente no parece que se esté trabajando mucho en ello. El uso del lenguaje es primordial y términos como el que nos ocupa es un comienzo para desterrar concepciones falseadas de la realidad. De la misma manera que la reiteración de imágenes produce un efecto de relación entre un producto y su marca, Estado Islámico hace lo mismo con su propia existencia.

Hace unos meses, estaba repostando mi coche en una gasolinera, era invierno y hacía ciertamente frío en Madrid. El empleado que me atendió llevaba un gorro negro de lana y le comenté que de madrugada debía de ser duro salir a atender a los clientes. Su respuesta me dejó perplejo inicialmente pero me hizo pensar largo rato después “…no, porque me tapo todo con la bufanda y solo se me ven los ojos, como a esos del Estado Islámico”. Eso es lo que al-Baghdadi ha exportado, una imagen; y eso es lo que Occidente está ayudando a exportar con la expresión lobo solitario, un concepto.

No existen lobos solitarios. No en el concepto de lucha de Estado Islámico porque esta organización necesita de la persona como referente de su lucha contra el infiel. No existen lobos solitarios. No en el concepto de lucha de Estado Islámico porque los que actúan en solitario los hacen movidos por su afán de convertirse en héroes de la organización de moda. No existen lobos solitarios. No en el concepto de lucha de Estado Islámico porque la propia organización se encarga de corromper su existencia con su propaganda.

En definitiva, no existen lobos solitarios.

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