jueves, 4 de febrero de 2016

"¡Bour-dieu! Idioma y velo", por Kenza Midoun

Islam en Murcia - 04.02.16

¡Bour-dieu! Idioma y velo
Por Kenza Midoun, estudiante de la Universidad de Murcia

Ambas, la discriminación por el velo y la carencia de nivel en el idioma repercuten en la integración de las mujeres musulmanas en las distintas sociedades en las que se mueven. Mediante un análisis con enfoques sociológicos bourdieusianos* seremos capaces de ver cómo estos dos elementos determinan las condiciones materiales de existencia del individuo.

Musulmana trabajadora y exitosa
Supongamos que nos encontramos ante el caso de una joven árabe, ‒¿y para colmo?‒ musulmana,  de unos 28 años de edad, que llega a España con su hija de 2 años, sin familia y sin recursos para sobrevivir de forma digna. La joven ha huido de un segundo matrimonio forzado ‒de esos con viejos quasi acabados‒, no cuenta con estudios ni apenas una base de español sobre la que formarse. Su principal objetivo será encontrar una habitación en la que alojarse y un trabajo que le permita mantener a su hija. Estará dispuesta a ejercer cualquier mísero oficio con tal de intentar salir adelante. Comenzará construyéndose lo que llamamos capital social, las primeras redes de contactos que le facilitarán posibilidades de alojamiento y trabajos. Dado que no maneja el idioma, solo podrá recurrir a quienes son capaces de comprenderla, limitando así sus oportunidades de conseguir una mejor oferta. Por lo tanto, el idioma influye en la extensión de su capital social y también en sus posibilidades de empleo, es decir, el capital económico.

Codeándose solo con personas «que la entienden» no tendrá incentivos para mejorar su nivel de idioma, y trabajando en la precariedad, tampoco tendrá ocasión de hacerlo, pues este tipo de trabajos, por lo general, suelen ser desempeñados por inmigrantes en las mismas condiciones que las suyas, ya que no precisan formación alguna y requieren esfuerzos físicos. Lo que no se consideran ‒para el conjunto‒ barreras para acceder a los distintos campos, para nuestra protagonista sí lo son; y es que los campos, entendidos en este contexto bourdieusiano solo se hacen accesibles para quienes poseen un capital que les permita defender o innovar lo que hay en juego en él. En el caso de esta mujer, apenas al abandonar el campo de los excluidos (los que carecen de remuneraciones), penetra en el campo de los vulnerables (quienes poseen un trabajo poco estable). Aquí, su situación es de total dependencia y dominación; no maneja el lenguaje del campo ni tampoco su simbología (las reglas del juego) y de este modo, no posee ningún prestigio o autoridad. Por lo tanto, puede, de forma sencilla, ser excluida del campo y caer de nuevo en las profundidades de la precariedad.

Por su parte, su hija, una vez cumplidos los 3 años es matriculada en un centro educativo público y comienza así su formación. Al empezar de cero, no se encuentra con las mismas dificultades que un niño que llega a una edad avanzada.

Transcurren los años y la situación de la madre sigue siendo muy vulnerable por la naturaleza de su empleo, dada su limitación a centrarse en su capital económico, sin poder aprender ni ampliar su bagaje cultural, que ya de por sí era bastante menguado. El lenguaje simbólico al que está expuesta constantemente le reafirma ‒y ella inconscientemente asiente‒ que esa es su posición social, y sería una irregularidad e incluso rareza tender a mejorarla. ¿Una mujer de treinta y pico años intentando sacarse la ESO? ¿Y encima árabe y con velo? Esto no parece real. Y es que, claro... es difícil que lo sea, pues el habitus del sujeto queda definido por estructuras sociales que han sido interiorizadas y se limita a reproducir aquello que ha digerido instintivamente de su entorno.

En paralelo a ella, la hija progresa en su formación, aunque con ciertas dificultades debidas a las condiciones familiares: falta de apoyo académico y moral. El capital cultural en sus estados incorporado (hábitos) e institucionalizado (títulos) se va ampliando. Sin embargo, en el caso de otros jóvenes que no pudieron superar los obstáculos ante los que se topaban, caen en el precipicio de la vulnerabilidad y la precariedad, la misma que afectaba a sus padres, pues ni se forman ni aspiran a ello, consumidos por el lenguaje simbólico, más agudo y punzante que el anterior. Este lenguaje simbólico da vida al deseo y necesidad obligada del lucro, para aliviar el fatigante peso económico que recae sobre sus padres y además, se implanta en los jóvenes la creencia de que «estudiar no es lo suyo». ¿Cuál es la consecuencia? Tampoco alcanzan un mejor estatus social que el de sus padres ni optan a trabajos mejor remunerados.

La hija, hecha ya mujer, se lanza al mundo laboral con un currículum algo humilde, pero que podría decorarse con la experiencia y con otros títulos a los que no habría podido acceder por motivos económicos. Su capital social es mucho más amplio que el de su madre, pero ¿realmente le sirve de algo? Olvidábamos que es una mujer musulmana, viste largo y lleva velo, es antiestético y no se podrá esperar mucho de ella; una mujer oprimida no puede atender a los clientes y convencerlos para comprar determinado producto, tampoco podríamos permitir que hable con los altos cargos de empresas como secretaria y en una cafetería, quizás crearía polémica. Tras muchas suposiciones, muchas copias de su currículum vitae y muchos intentos acompañados de sonrisas esperanzadoras, termina trabajando en un puesto que ni siquiera se corresponde con su especialidad, con un salario de chiste y un horario que no le permite prácticamente acceder a cursos, talleres, e incluso acorta su tiempo de lectura, pues domina el cansancio ante el propósito de terminarse un libro. Entre tanta negatividad, al menos ella puede explicar el significado de su velo y demostrar que sus capacidades son las mismas, con o sin él.

Solo queda que todos lo comprendan y le sean abiertas las mismas puertas que a una chica sin velo.
¿Y por qué no? Imaginemos que en su camino no encuentra este tipo de dificultades, consigue un honorable puesto de trabajo y puede permitirse persistir en su formación, lo que le abre cada vez más puertas y le conduce al éxito.

Si bien puede fracasar, también puede llegar alto y sobrepasar sus objetivos. Lo único que necesita es esa oportunidad con la que demostrar que ella, como muchas otras musulmanas con velo, son capaces de luchar, tomar el relevo de otras generaciones y conducirlo exitosamente hacia la victoria.
Resulta sencillo observar cómo acontece el proceso de estancamiento o contrariamente, de crecimiento de la mujer árabe musulmana y vislumbrar, asimismo, la clara influencia de todo un arsenal de elementos sociológicos que la rodean. Todos estamos llamados a luchar por la erradicación de aquel recelo existente del que hablábamos hacia nuestras mujeres, pacífica y noblemente: reconociendo su valía, empoderándola.

*Pierre Bourdieu es uno de los pensadores franceses más influyentes de nuestro siglo y del anterior. Además de filósofo, ponente y destacado investigador, es conocido por su importante colaboración en la expansión de los estudios sociológicos; una figura histórica a rememorar. 

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