lunes, 23 de marzo de 2015

Un centenar de musulmanes radicalizados salió de España para unirse a EI

Islam en Murcia - 23.03.15
Fuente: Servimedia 
Infografía: Infobae

La Audiencia Nacional intensifica la investigación del terrorismo yihadista

Diez años después de los atentados terroristas del 11-M en Madrid, la radicalización de una parte de la población musulmana que vive en España es una realidad creciente que los servicios de inteligencia y los tribunales intentan atajar. Los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado han censado más de un centenar de personas que en los últimos dos años han tratado de viajar a zonas de conflicto para unirse al denominado Estado Islámico (EI) y la Audiencia Nacional tiene 125 investigaciones abiertas por presuntos actos de terrorismo yihadista. 

Desde el inicio del conflicto bélico en Siria y, sobre todo, después del atentado de París contra el semanario satírico 'Charlie Hebdo', las autoridades españolas y las europeas han pisado el acelerador y mantienen bajo vigilancia a varias decenas de posibles activistas vinculados a círculos radicales, según indicaron fuentes jurídicas.

Poco a poco las investigaciones policiales y judiciales han desvelado el `modus operandi' de un fenómeno difícil de monitorizar, porque se basa en procesos aislados y personales de concienciación de quienes pueden acabar activándose para cometer atentados y que se alimentan, principalmente, de informaciones y contactos a través de redes sociales.

La mayor parte de esos activistas "dormidos" puede casarse, tener hijos y mantener una aparente integración en su entorno y, de pronto, desaparecer porque deciden pasar a formar parte de una red de captación o de enlace, o incluso emprender la guerra santa preparando atentados en Europa o trasladándose a la Siria o Iraq.

PERFIL SOCIOLÓGICO

Según los expertos que analizan el fenómeno de radicalización yihadista, el nicho de captación de activistas radicales es el de musulmanes de nacionalidad española o hijos de antiguos inmigrantes. Los musulmanes recién llegados no se suelen radicalizar.

España empezó a acoger a musulmanes, en su mayoría marroquíes, hace solo un par de décadas. Por eso, ahora es uno de los países europeos que menos yihadistas envía a los conflictos de Siria o Iraq, pese a acercarse ya al centenar, la mitad de ellos provenientes de Ceuta o Melilla.

En países como Francia, Gran Bretaña o Bélgica el perfil de los muyahidines también corresponde a jóvenes radicalizados de segundas generaciones de islamistas que ya tienen la nacionalidad de sus países receptores, pero allí la población musulmana tiene una tradición de asentamiento mucho más dilatada.

A la fiscalía le preocupa especialmente el auge del ideario más extremo entre mujeres y jóvenes. El mapa de la radicalización es claro. Los focos más activos se dan en las dos ciudades autónomas norteafricas (Ceuta y Melilla), Cataluña, Madrid, Murcia y algunos otros puntos de Levante.

En los procesos de captación de adeptos tiene un papel fundamental la propaganda. Según han detectado las fuerzas de seguridad, los extremistas ofrecen a nuevas generaciones de musulmanes descontentos y afectados por los efectos de la crisis un panorama alentador.

Además de convertirse en los guardianes y defensores del Islam y en vengadores de las afrentas del mundo occidental, pueden aspirar a convertirse en personas relevantes en las zonas de conflicto, donde pueden acabar teniendo sueldos de varios miles de euros, impensables en su entorno laboral habitual, y, además, contarán con la posibilidad de tener una o varias esposas fieles a la doctrina de Mahoma.

Ahí es donde la captación de mujeres empieza a tener un papel relevante. Las operaciones policiales contra redes de captación centradas en ellas se han multiplicado. El pasado 17 de diciembre se realizó una en la que resultaron detenidas cinco personas, cuatro de ellas mujeres, en Ceuta, Melilla y Cataluña, los centros de adoctrinamiento más activos.

Este mismo mes, otra mujer resultó detenida por las autoridades turcas cuando trataba de cruzar clandestinamente la frontera con Siria acompañada de su hijo de tres años, al que instruía sobre la importancia de "degollar policías". Ellas juegan un doble papel en la estrategia del Estado Islámico, por un lado se convierten en luchadoras y por otra contribuyen a la normalización de unas poblaciones que con el tiempo puedan realmente tener una estructura de Estado.

EL 3,6% DE LA POBLACIÓN

Según los datos del padrón municipal recogidos por la Unión de Comunidades Islámicas de España, hay cerca de 1.750.000 musulmanes en el país, lo que constituye alrededor del 3,6% de la población española total. De ellos, el 30% es de nacionalidad española, mientras que el 70% es inmigrante; la mitad de los que vinieron a España son marroquíes.

Hay más de 30 países de procedencia de la inmigración de religión musulmana. Las comunidades mayoritarias son de Marruecos, Paquistán, Senegal, Nigeria, Argelia, Gambia, Mali y Guinea.

Los municipios con mayor número de ciudadanos musulmanes son Barcelona, Ceuta, Madrid y Melilla, seguidos de Badalona (Barcelona), Cartagena (Murcia), El Ejido (Almería), Málaga, Murcia, Terrassa (Barcelona), Valencia y Zaragoza. Por porcentaje de población musulmana significativa en el municipio destacan Aitona (Lleida), Castejón (Navarra), Fresnedillas de la Oliva (Madrid), La Mojonera (Almería), Manlleu (Barcelona), Navalperal de Pinares (Ávila), Níjar (Almería), Salt (Girona), Saucedilla (Cáceres), Talayuela (Cáceres), Torre-Pacheco (Murcia) y Ullà (Girona).

Las organizaciones musulmanas se quejan de la escasa atención que reciben del Estado. Sus estudios indican que el 90% del alumnado musulmán carece de clases de religión y denuncian que el 90% del profesorado de religión islámica se encuentra desempleado. Hay en total 46 profesores contratados en todo el país con fondos que aportan las familias. De ellos, 13 imparten clase en Ceuta, 11 en Melilla y dos en el País Vasco.

Además, indican que el 5% de las comunidades religiosas islámicas carecen de mezquita u oratorio y que el 95% no tiene un cementerio adaptado a sus creencias.

Las fuerzas de seguridad, que en un principio creían que el foco de la radicalización provenía de algunas mezquitas -calculaban que alrededor del 10% de los centros de oración hacían adoctrinamiento radical-, se han dado cuenta de que son en realidad las redes sociales las que permiten un adoctrinamiento intensivo, discreto, eficaz y difícil de detectar.

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