viernes, 14 de diciembre de 2012

Fallece el fundador del principal movimiento islamista en Marruecos

Fuente: laverdad

El fundador y líder espiritual del grupo mayoritario islamista marroquí Justicia y Caridad (Al Adl Wal Ihsan), Abdesalam Yasin, ha fallecido esta mañana en Rabat a los 84 años tras vivir un pulso en un pulso con el régimen marroquí, especialmente con el rey anterior, Hasán II. Según confirmó el portavoz del grupo Hasan Benajeh, el jeque falleció está mañana a las 7.30 hora local (misma GMT) en su casa en el barrio Suisi en Rabat tras haber sufrido un resfriado que complicó su estado de salud.
Yasin estuvo en situación de arresto domiciliario durante más de diez años, de diciembre de 1989 hasta mayo de 2000, por haber publicado textos críticos con la monarquía marroquí. Justicia y Caridad, organización no reconocida legalmente, está considerado como el movimiento con más penetración y popularidad en Marruecos, pero siempre ha optado por actuar al margen de la política activa.
Además, no es el único movimiento islamista influyente, ya que dentro de este campo, otros partidos, como el Partido Justicia y Desarrollo (PJD) están integrados en el sistema con total legalidad desde hace años y figuran entre los partidos más votados.
Llamado "jeque Yasín" por sus seguidores, el líder islamista ha negado siempre la autoridad religiosa del rey de Marruecos en su calidad de "emir al muminín" (príncipe de los creyentes), que es precisamente un pilar de la legitimidad de la monarquía.
Eso le valió ser internado en un asilo psiquiátrico entre 1974 y 1977, por escribir una carta considerada irrespetuosa al rey Hasán II, y una nueva reclusión domiciliaria que duró más de diez años y terminó en 2000, ya en el reinado de Mohamed VI.
Yasín fundó su primer movimiento en 1981, pero no fue hasta 1987 cuando le dio el nombre definitivo de Adl ual Ihsán, (Justicia y Caridad, o Justicia y Espiritualidad).
Culto al líder
Contrariamente a los movimientos más en boga en el Oriente, de corte suní salafista, Justicia y Caridad estuvo más entroncada con el islam popular sufí de las cofradías marroquíes, lo que hizo que el movimiento no tuviera relación fluida con las distintas ramas de los Hermanos Musulmanes que proliferaron en los países árabes orientales.
Los seguidores de Yasín han sido acusados de practicar el culto a la personalidad para con su líder, que ha ejercido una autoridad indiscutible sobre la organización y cuya ausencia arroja ahora dudas sobre quién le sucederá: entre los mejor situados está Fatalah Arsalán, que ya en los últimos tiempos, ante la enfermedad de Yasín, ejercía de líder de facto.
La hija de Yasín, Nadia, fue durante mucho tiempo la "portavoz francófona" del movimiento y sonó incluso como posible sucesora de su padre, pero en los últimos tiempos su papel está desdibujado, envuelta además en críticas sobre el autoritarismo con el que supuestamente dirige el ala femenina del movimiento.
Si Justicia y Caridad monopolizó prácticamente en los años ochenta y noventa el campo del islam político, la aparición de nuevos grupos con distintas perspectivas ha fragmentado esta tendencia política: por un lado, el Partido Justicia y Desarrollo, que practica un islam "integrado" dentro del sistema monárquico (tanto que hoy encabeza el gobierno).
Por el lado contrario, un salafismo mucho más apegado a la literalidad del Corán y alejado de la tendencia sufí que siempre tuvo Yasín; este salafismo marroquí, reprimido por los atentados de 2003 en Casablanca (que llevó a decenas de ellos a la cárcel), es cada vez más visible en la calle, las mezquitas o las salas de conferencias, pero aún no ha creado su partido político.
Justicia y Caridad se sumó en el año 2011 al Movimiento 20 de febrero, una amalgama de grupos izquierdistas que exigían recortar los poderes de la monarquía y una mayor justicia social, y durante meses salieron juntos a las calles hasta que las protestas fueron perdiendo apoyo popular.
Ni siquiera en estos momentos de mayor contestación en la calle, el movimiento de Justicia y Caridad perdió la relativa tolerancia de que goza dentro de la ilegalidad: no cuentan con una sede propia ni un órgano de prensa, pero con frecuencia convocan a sus fieles a manifestaciones y es relativamente fácil acceder a sus líderes y entrevistarse con ellos.

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