domingo, 18 de marzo de 2012

El Islam en Europa; retos y propuestas (I)

Fuente: masdeunavoz

Aunque el Islam tiene muchas manifestaciones en Europa y reúne grupos  de diferentes connotaciones como inmigrantes, miembros de la segunda generación, europeos conversos, etc… en este artículo voy a tratar solamente el Islam en su versión inmigrante porque las otras versiones precisan un tratamiento especial debido a sus peculiaridades que dejaremos para otra ocasión. 

Antes de entrar de lleno en el tema sería  conveniente hacer una introducción para situarnos en el momento histórico que nos ha tocado vivir y concienciarnos de hasta qué punto es importante construir una cultura de convivencia en nuestro entorno nacional y europeo.



Si nos centramos en los temas que influyen en la relación entre Islam y Occidente podríamos citar en primer lugar el conflicto árabe-israelí que lejos de resolverse cada día se aleja más de una paz justa y duradera. 
                                                                                               

El retroceso de la imagen de Europa en el mundo como precursora y defensora de los derechos humanos es un hecho constatable por cualquier observador imparcial. Este retroceso empezó a constatarse ya hace bastante tiempo, pero el proceso sufrió una aceleración importante desde el 2001 con los trágicamente famosos atentados del 11 de Septiembre, después hemos vivido la guerra  de Afganistán, la ocupación de Irak con una actitud ambigua de los gobiernos europeos salvada en parte por Francia y Alemania. La actitud de Europa  ante la guerra sucia contra el terrorismo que nunca estuvo a la altura de las circunstancias, en muchas ocasiones mirando hacia otro lado y a veces colaborando claramente en actos ilegales contra presuntos terroristas. Su actitud hacia los inmigrantes en la que ha parecido ceder ante las exigencias de las facciones más reaccionarias de la sociedad, muchas veces anteponiendo los intereses electoralistas a la defensa de la  justicia y los derechos humanos  y quizá sea la última guerra contra Gaza y la  actuación de la armada israelí contra la flotilla de la libertad la gota que colmó  el vaso de la paciencia de millones de ciudadanos en todo el mundo que  miraban a Europa como referente de las libertades y derechos humanos.
   
 El mundo ha entrado en una recesión económica sin precedentes desde la crisis de 1929 cuyas consecuencias aún no han terminado de desarrollarse del todo y que se ha llevado por delante instituciones económicas gigantes, ha llevado a varios países a la bancarrota y amenaza a otros como una espada de Damocles obligándoles a tomar medidas económicas drásticas que provocan una ebullición social alarmante. El problema de las crisis económicas es que en países en los que sus ciudadanos consideran la economía como la columna vertebral de su razón de ser cualquier trastorno de la misma se traduce en conflictos sociales de gran envergadura en los que siempre se culpa a aquel que aparece como “el otro”, el que viene de fuera para disfrutar de las riquezas que ya de hecho escasean.
Por otra parte en la orilla sur del mediterráneo y en el mundo árabe en general estamos siendo testigos de una revolución (prefiero utilizar el término revolución en singular porque creo que estos movimientos reivindicativos responden al mismo móvil y se ubican en un mismo marco moral, una misma lógica social e incluso utilizan un mismo modus operandi) que está  cambiando por completo no sólo la realidad política y social de estos países, sino que está  imponiendo una nueva realidad planetaria y una nueva ética socio-política universal basada en el espíritu contestatario y la lógica de la no violencia. Los países en los que esta revolución ha llegado a su culminación e incluso en otros donde no ha llegado a su máxima expresión, la elección libre de los pueblos ha llevado al poder a partidos de orientación islamista, que han madurado y han sabido adaptarse a las nuevas circunstancias poniendo en práctica  proyectos políticos basados en la moderación y el respeto a las libertades.
Con el ascenso al poder de los partidos islamistas en los países árabes Europa goza de una oportunidad de oro para poder enderezar sus relaciones con el mundo islámico, porque se percatará de que el proyecto islámico no tiene por que ser una amenaza para los intereses de Europa y a través de esta relación positiva podrá mejorar también su concepto distorsionado sobre el Islam mismo.




Por otra parte la mejora de las condiciones de vida tanto en el plano político como en el plano social y económico debido a la instauración de regímenes democráticos en la orilla sur del mediterráneo se traducirá en una disminución de la emigración a Europa desde estos países además de una mejora de las relaciones económicas con unos países que van a mejorar sus condiciones a todos los niveles y podrán contribuir incluso al desarrollo de los países del África subsahariana.  
Después del fracaso estrepitoso obtenido por la derecha neoliberal en su abordaje de los conflictos internacionales es imprescindible aunar esfuerzos en una nueva política de entendimiento y diálogo  que redunde en una mejora del nivel de convivencia tanto a nivel regional como internacional.
Como ya dijimos al principio nos vamos a centrar en las relaciones entre la cultura occidental y la cultura islámica en el seno de nuestras sociedades porque es el ámbito intercultural más controvertido y el que compromete a un mayor número de ciudadanos.
Hablaremos primero de los obstáculos que dificultan la convivencia entre estas dos culturas y luego abordaremos las medidas necesarias para atajar dichos obstáculos.
Ali Mesnawi

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