jueves, 8 de diciembre de 2011

Primavera árabe reconceptualizada: el ascenso del Islam político

Artículo de Mauricio Meschoulan, de El Universal de México 06.12.11
Ellos no iniciaron las revueltas. En aquél lejano enero del 2011, prácticamente no participaron en las manifestaciones de la plaza Tahrir. De hecho veían el movimiento de las masas con bastante recelo. La Hermandad Musulmana, en voz de algunos de sus dirigentes, había pedido a sus no pocos seguidores que se abstuvieran de contribuir con el caos. En el régimen de Mubarak, su organización estaba formalmente prohibida, pero finalmente era semi-tolerada por la dictadura. Ni siquiera comprendían bien lo que en las calles se estaba gestando. Pero aquellas conocidas mantas que proclamaban: "El Islam es la solución", brillaban por su ausencia. Hoy, sin embargo, tras nueve meses de la caída del dictador, el Partido Libertad y Justicia de la Hermandad Musulmana ha ganado al menos 40% de la votación para convertirse en la principal fuerza del renovado parlamento egipcio.

Los hermanos musulmanes han sido exitosos en transmitir la idea de que ellos representan una opción moderada, moderna y democrática, pero para que esto se materialice, primero deberán ganar la discusión a sus primos hermanos, los salafis, islamistas ultraconservadores, quienes de manera inesperada han obtenido paralelamente un 25% aproximado del parlamento.

Si esto se confirma podríamos entonces decir que ese movimiento originado por jóvenes esencialmente de clase media, de corte liberal, que ha buscado puertas para que el pueblo egipcio canalice sus demandas y su participación política; esas manifestaciones que dieron la vuelta al mundo por el uso de redes sociales, por rebelarse de manera pacífica contra la dictadura represiva y autoritaria; esa lucha que convirtió a la plaza Tahrir en el símbolo del desencanto de la juventud en tantas partes del mundo; ese movimiento, ha sido precisamente el que ha detonado las posibilidades para que Egipto se convierta en un país más -de manera consistente con la tendencia regional- en donde los islamistas están paulatinamente ocupando el poder.

En efecto, Egipto parece estar replicando lo que hemos visto en Túnez y en Marruecos. Pareciera que mientras más espacios se abren, el mundo árabe más se estuviese orientando hacia la opción del Islam político que padeció décadas de prohibición y represión en los regímenes laicos o semi-laicos de la región. Con una enorme capacidad de movilización, movimientos como la Hermandad Musulmana fueron adquiriendo a lo largo de los años una gran popularidad entre los sectores más pobres gracias a sus labores de asistencia y caridad, reparto de comida, medicamentos, e incluso la organización de actividades sociales y deportivas en diversos sitios. Su mensaje de retorno a las bases religiosas y morales ha sido capaz de convencer, no hoy, sino desde hace décadas, a una gran porción de la población de los países árabes que no encontraba en sus dictaduras más que represión, tortura, y malos resultados para sacarlos adelante. Por ello, desde un inicio, quienes observamos estos eventos con detalle, dijimos que debido a que la Hermandad Musulmana era la única oposición con cierta estructura, era altamente probable que al menos en una fase inicial, fuesen ellos quienes más se beneficiaran de la salida del dictador. Los otros partidos necesitarían más tiempo para ir construyendo una militancia. (En mi blog personal abordé el tema el 30 de enero del 2011 -favor de leer el 5o escenario mencionado-, y el 4 de febrero con mucho mayor detalle en "De Egipto, Hermandad Musulmana y revoluciones democráticas" ).

La “Primavera Árabe” parece entonces estar produciendo en este otoño, más un florecer del Islam político, que del liberalismo que muchos en Occidente y sus medios han venido leyendo y pregonando. La discusión entre los salafis y los hermanos musulmanes empieza a girar en torno al grado no de libertades, sino de prohibiciones que habrían de implementarse una vez que tomen el poder: en contra del alcohol y el libertinaje que provoca, la “fornicación” y el adulterio, crímenes por los que, según indican, los salafis promoverían desde sus asientos parlamentarios castigos clásicos en el Islam como la lapidación en las plazas públicas.

Claro, para eso todavía falta que los militares verdaderamente cedan el poder material. Temiendo precisamente lo que hoy se concreta con los votos de la sociedad egipcia, la élite castrense que aún gobierna el país del Nilo, que es precisamente aquella que reprimió a la Hermandad Musulmana durante décadas, estaba buscando establecer una serie de salvaguardas en la nueva constitución. La elección presidencial habría de ocurrir apenas dentro de un año, según los tiempos militares. Entonces, las manifestaciones regresaron a Tahrir. Y fueron, ahora sí, los hermanos musulmanes quienes detonaron la versión 2.0 de las revueltas hace solo unas semanas, para evitar que la junta se prolongue en el poder más de la cuenta.

Hoy el escenario se manifiesta de la siguiente manera: el Islam político en su versión radical y moderada tendrá un 65% del parlamento, dejando a las otras opciones el 35% para su reparto. Los hermanos musulmanes, con su mayoría relativa (40%), podrán hacer coaliciones con los liberales o con los salafis de acuerdo con su conveniencia. Los militares buscarán aún en estas circunstancias, quedarse con la mayor cuota de poder que su capacidad les permita y recibirán el respaldo de una parte de la sociedad egipcia, así como de algunas potencias occidentales (aunque no lo hagan explícito), para lograrlo.

Y en cuanto a la primavera árabe, los historiadores tendrán bastante trabajo en las próximas décadas para poder explicar esta serie de movimientos que muchos creen comprender, pero de los que apenas hemos visto una punta que aflora y cuyo desenlace seguramente habrá de variar para cada país de acuerdo con sus circunstancias particulares. Quienes gustan de hacer categorizaciones y reducciones bajo presión, hoy ya tienen bastante trabajo para explicar los resultados en el parlamento egipcio. Algunos preferimos la complejidad y la paciencia.

¿Usted qué piensa?

Twitter: @maurimm

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