lunes, 2 de mayo de 2011

Movimiento islamista en Marruecos

Fuente: La Opinión de Tenerife 02.05.11

JUAN J. PÉREZ PIQUERAS
CORONEL DE INFANTERÍA (RETIRADO)
Recientemente el Rey de Marruecos ha anunciado una importante reforma en su constitución que de llevarse a cabo se convertiría en una monarquía parlamentaria, garantía de los derechos del ciudadano, imprescindible para hacer frente a la corriente revolucionaria que afecta a todo el Magreb y el mundo árabe, de la que a pesar de su origen social y laico, el fundamentalismo islámico podría salir fortalecido, en espera de su oportunidad.
El germen islamista en este país es relativamente reciente. Surge a finales de la década de los setenta, cuando para hacer frente a la izquierda democrática liderada en aquella época por Ben Barka (posteriormente asesinado en París, al parecer por los servicios secretos marroquíes), que luchaba contra la sociedad feudal que imperaba, el propio sistema instrumentalizó al Islam, en sus mezquitas, y autorizó la creación del movimiento Juventud Islámica, inspirada en los Hermanos Musulmanes, que ha evolucionado por diferentes caminos hacia los grupos o formaciones actuales.
En el panorama islamista marroquí tenemos que diferenciar dos tendencias, por su actitud ante la violencia: el "islamista moderado", tolerado por el régimen, que defiende un cambio social a través de medios pacíficos, y el "radical salafista", que recurre a la violencia para obtener sus fines, conectado a la red de Al Qaeda. La primera opción está integrada por formaciones estructuradas que admiten el sistema democrático como medio para instaurar un Estado islámico basado en la Ley islámica (La Sharía). Por su parte, los radicales violentos, clandestinos y perseguidos, están organizados en células, integrados por seguidores y antiguos combatientes de la resistencia islamista en Afganistán, Chechenia o Irak, llamados por ello "los afganos".
Uno de los graves problemas a controlar por las autoridades marroquíes en esta nueva etapa son estas células islamistas violentas, por su reciente pasado implicados en los atentados en EE UU el 11-S de 2001 y la autoría de los atentados suicidas con bombas en Casablanca en 2003, con 45 muertos (varios de ellos en la Casa de España), dirigida contra intereses españoles en este país; y la participación directa, también, en los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid (el Grupo Combatiente Marroquí reivindicó esta masacre, afirmando pertenecer a la red de Al Qaeda).
En el verano del 2010, las fuerzas de seguridad marroquíes desmantelaban dos células yihadistas de 11 y 18 miembros respectivamente que, según informe del Ministerio de Interior "se disponían a cometer actos terroristas y de sabotaje en el interior del territorio nacional y contra intereses extranjeros en Marruecos". Desde los atentados en Casablanca citados, los servicios de seguridad afirman haber desmantelado alrededor de sesenta redes terroristas de origen islamista, varias de ellas en conexión directa con AQMI, la filial de Al Qaeda en el Magreb, que opera en la vecina Argelia.
El alcance del voto islamista moderado lo vemos en las elecciones legislativas de 2007 en las que el Partido Justicia y Desarrollo (PJD) se convierte en la segunda fuerza en el parlamento, tras el partido nacionalista el Istiqlal, en unas elecciones donde la abstención alcanzó el 63%, muestra inequívoca del desapego de la sociedad marroquí con los partidos, o con el sistema en general, que había tomado a estas legislativas como un plebiscito de aprobación o legitimación del régimen establecido. En las locales de 2009, además del PJD aparece otro nuevo, Autenticidad y Modernidad (PAM), que gana las elecciones, compartiendo ambos el voto islamista.
Si el régimen actual ha sido capaz de poner en marcha la llamada "esfera de integración", en la que, si los islamistas moderados son inevitables, el Estado debe integrarlos (el PJD y el PAM, son parte del sistema), esperemos que la corriente violenta sea también controlada y anulada. Los éxitos policiales marroquíes desmantelando células yihadistas hacen pensar que este "control" va por buen camino.

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