domingo, 17 de abril de 2011

No sin monarquía parlamentaria

Fuente: endialogo

La juventud marroquí prepara su próxima manifestación, sin que el Rey se haya vuelto a pronunciar
Reportaje de Carmen Aguilar
El rey Mohammed VI parece saltarse el turno en la partida que disputa con la juventud marroquí. Quedan menos de 10 días para que el movimiento 20 de febrero vuelva a salir a la calle, tras la contestación en marzo a la promesa de reformas por parte del monarca. Y sin embargo, el mandatario no ha movido ficha en casi un mes.

Mientras Libia sigue enfrascada en una guerra civil; en Siria, Bahréin y Yemen continúan las represiones violentas, y se pide al presidente yemení que renuncie a su cargo, en Marruecos se manifestarán pacíficamente el 17 de abril. Volverán a decirle al Rey que no aceptan esas reformas si no se alcanza la monarquía parlamentaria. Que quieren un Estado democrático “basado en una justicia libre e independiente”. “No pertenezco al movimiento”, asegura Houda El Ayyadi , marroquí de 30 años que se está doctorando en Traducción e Interpretación en Málaga, “pero estoy comprometida con el cambio”. “Tenemos fe en que con el rey Mohammed VI, por fin, llegaremos a la democracia con la que tanto se soñaba”.

“El Rey en Marruecos tiene suerte, porque nadie le ha pedido que se marche. No obstante, no puede olvidarse de que queremos que reine, pero que no gobierne. Eso es un país moderno”. Mourad Zarrouk, que no es tan optimista, decidió dejar la docencia en la universidad marroquí para ejercer en la Universidad Autónoma de Madrid. El anuncio de reformas no ha emanado de la propia voluntad del Rey, ni tampoco se habla de monarquía parlamentaria “y eso es preocupante”, advierte; más aún, si tenemos en cuenta que, además, el monarca participa en los negocios.

Pesimismo compartido por el catedrático de Historia del Islam Bernabé López García, quien señala una posible bicefalia. “Ahí radica el verdadero cáncer de Marruecos, en ese bicefalismo de mando que convierte al individuo en menor de edad, tutelado por una autoridad superior que no emana de él”.

¿Es el principio del cambio?

Desde la subida de Mohammed VI al poder (julio 1999), se han conseguido una serie de cambios sociales que le han valido para que se hablara de apertura. Una transitocracia que dura ya 11 años, pero que no ha desembocado en democracia. Tras el discurso del Rey el nueve de marzo, la mayoría de los dirigentes europeos felicitó al mandatario, pero ¿estamos ante el inicio de la democratización?

Los hay pesimistas como Zarrouk, que prefiere ver la parte “medio vacía del vaso” y pensar en la distancia que queda por recorrer hasta la monarquía parlamentaria. Cautos y cínicos, como el arabista López García, quien recuerda que solo estamos ante una promesa y en la que no se contempla ceder todo el poder al primer ministro. Más optimistas como Abdel Hamid Beyuki, director de la organización de cooperación para el desarrollo REMCODE, quien considera que estamos a las puertas de una transición que va a requerir mucho esfuerzo y consenso, pero que son insuficientes las reformas. Y los que más ilusión muestran, como Houda El Ayyadi, con esperanzas de que la democracia llegue de mano del Rey.

¿Reforma o nueva Constitución?

Entre las reformas prometidas, la más importante es la cesión de poderes al Primer Ministro, que conllevaría a la ansiada monarquía parlamentaria. Una tarea compleja si se tiene en cuenta que el Rey no habló directamente de acabar con el artículo 19 que le otorga poderes absolutos. “Con la Constitución debe ocurrir como con la Mudawana”, asegura el arabista Bernabé López, “aún cuando no termine siendo una Constitución ideal, debe ir mucho más allá de lo que el conformismo generalizado admitiría”.

Llegamos, pues, a otro de los puntos calientes, ¿basta con reformar la Constitución o se necesita una nueva? Los jóvenes del movimiento 20 de febrero apuestan por crear una nueva Carta Magna, pero Houda El Ayyadi explica que existe un amplio colectivo que “se conforma con las reformas, porque lo ven en sí como un reto”. Beyuki, inconformista por naturaleza que vivió la represión del régimen de Hassan II, habla desde la sensatez de la experiencia y no aconseja construir desde la nada. “Las reformas planteadas son insuficientes”, “pero empezar de cero cuesta mucho”. Avanzar, en definitiva, desde la constituyente vigente.

¿Están los políticos preparados?

La comisión encargada de elaborar las reformas son personas cercanas al Rey que no representan las necesidades de la sociedad. “El proceso hay que llevarlo de otro modo”, critica el profesor Zarrouk, “hay que disolver el parlamento, suspender la aplicación de la Constitución y empezar de nuevo”. Pero, el problema en Marruecos, según coinciden los entrevistados, son los partidos políticos. Mourad Zarrouk los define como oportunistas, integrados por una élite desfasada “que no representan ni a su propia sombra, vasallos aspirantes a cortesanos, que no valen para la época en la que vivimos”.

Ante tal panorama político, si el Rey accediera a una monarquía parlamentaria, ¿qué primer ministro y partido serían capaces de liderar el cambio? De nuevo, hay consenso: ninguno. Es el momento de que la juventud vertebre partidos políticos renovados y se conviertan en actor político capaces de llevar a la práctica la transición a través del consenso.

Y todos coinciden: es el momento

Los jóvenes del movimiento 20 de febrero temen que se calmen los ánimos y las presiones al régimen se tranquilicen. Sin embargo, los veteranos aseguran que este sentimiento no es una moda ni va a desaparecer en unos meses. “Se ha abierto un ciclo en la historia”, asegura Zarrouk recordando al pensador musulmán Ibn Jaldún. “¿Cuánto va a durar? No importa, porque el problema ahora lo tiene el régimen”.

El día de la dignidad se sentía el miedo, según cuenta la joven Houda asentada en Málaga desde hace ocho años, pero “ya no hay marcha atrás”, “el cambio es irreversible y lo queremos ya. ¿Para qué esperar si tenemos todas las papeletas para ser un Estado democrático?”. Y Bernabé López apunta que estamos ante una oportunidad “única” para modernizar Marruecos.

Nadie niega en occidente el cambio en el mundo árabe. Túnez y Egipto dieron ejemplo de revueltas pacíficas con las que derrocaron a los dirigentes árabes. La caída de Hosni Mubarak abrió los ojos de ciudadanos y mandatarios, quienes se concienciaron de que nadie es invencible. Recordando de nuevo a Ibn Jaldún, el cambio es inherente al ser humano. El pueblo árabe ha estado reprimido durante décadas, y han despertado. Ser consciente de esta nueva dinámica de la historia, adelantarse y tomar las decisiones adecuadas determinarán la continuidad o no del gobernante. Si Mohammed VI cierra los ojos a este nuevo ciclo, “le va a pillar el toro”, concluye Zarrouk.

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